viernes, 26 de julio de 2013

La Furia.



Cualquier cosa puede pasar en un mundo donde todo es fantasía y casi nada es realidad. A la vuelta de la quinta esquina, en la manzana donde vivía la abuela, allí mismo vivía una viejecita. Muy fea era ella en su aspecto. Sombría y oscura su mirada. De brazos gordos y dedos flacos. Con muchas pecas en todas sus manos, pero más manchada estaba su cara. Todo eso se acentuaba por una muy seria verruga que casi le adornaba la frente con un poco de seriedad.

Ella vivía sola y casi desvalida para los demás. En algunas temporadas del año casi nadie la veía. Nadie sabía cómo comía ni que hacia tanto tiempo allí dentro. Unos decían que era bruja. Otros decían que simplemente estaba enferma y otros, aun más atrevidos, decían que ya había muerto y que eso que a veces veían era solo su espectro, rondando por la casa, cuidando un tesoro que se encontraba dentro y por el cual había muerto.

Por esa misma manzana vivía Juan, el hijo del carnicero. A este niño le pasaba algo en particular. Algunos vecinos de él ni siquiera le hablaban, era tan blanco y delgado que parecía que estaba enfermo. Lucia siempre de aspecto frágil y un poco andrajoso. Por las calles se comentaba que él era así desde que su madre había muerto cuando apenas  tenía 3 años de edad.  Nadie le preguntaba que le pasaba, pero siempre eso decían.

Una tarde de esas en las casi nada suele pasar. Juan se encontraba tratando de jugar con otros niños de su cuadra. Pocos le prestaban atención; uno solo le mencionaba el nombre.

- “Juan, regrésamela”.  Era la pelota.

El se acercaba tímidamente a recogerla cuando escucha un grito desde atrás – “¡apúrate! Que no tenemos todo el día”.  A decir verdad, él era poco práctico con estas cosas. Muchas veces torpe y sin puntería.

Juan recoge la pelota e intenta hacer el tiro de su vida. Intentaba ponérsela en las manos al capitán del equipo “Los Quinto” que era el equipo de su cuadra.

Juan lo mira tímidamente, apunta y siente el aire entre sus manos; él solo deseaba hacerlo con un buen lanzamiento. Cierra los ojos y allí va.

Poco tiempo pasa cuando escucha  un - ¡Wooo!  Y luego un murmullo entre los jugadores. Él la había lanzado con fuerza y hasta con un poco de estilo, pero lo había hecho en dirección de la casa de la bruja enferma muerta. Había caído en su patio y nadie nunca nadie había entrado allí antes.

 Muy pronto los muchachos le reclamaron y le dijeron que tenía que buscar la pelota; sin ella no había más juego, pues era la única que tenían. Juan no estaba muy convencido de entrar y mucho menos de querer ver a la señora de la casa; si era que existía.

Para salir del paso y sin palabras con que alegar lo contrario, Juan accedió a subir por una de las paredes del patio de la casa, pero él solo quería ver si allí estaba la pelota. ¿No sería una broma lo que estos muchachos querían jugarle? ¿De verdad caería en la casa?

El único amigo que le reconocía, se ofrece a sostenerlo en su mano y darle impulso para que pueda subir el muro. Juan, un poco temeroso y bastante callado, mira a su amigo a los ojos cuando este le dice casi al oído sin que los otros se den cuenta – tranquilo, todo va a estar bien-. Coge impulso y se alza.

Una vez arriba, todo lo que podía ver era un montón de plantas extrañas, de esas que dicen que son medicinales, de las que tienen formas de partes del cuerpo; además veía muchas, muchas sombras. De repente, por allá, logro ver algo. ¿Esa era la pelota? La tenía que recoger.

Salta la vacío un poco entusiasmado por la idea de ser reconocido como el salvador del juego. “ellos serán mis amigos” se dice.

Cuando llega al suelo voltea hacia atrás y se da cuenta que el muro parecía más alto de lo que era del otro lado. Con o sin ayuda jamás podría salir por allí; el muro ya no era un pasaje, mucho menos una salida.

Sin ninguna otra salida, Juan emprende su búsqueda. Se adentra en un matorral de hierbas y montes con olores raros y susurros peculiares. Algunas de estas plantas se engancha en su ropa pero él logra fácilmente zafarse de ellas. Poco a poco conoce cada vez más el lugar. Sabe que ha visto barios materos con las mismas plantas; parece que hay una hilera de pequeños retoños de esa planta que es verde y morada, de pétalos grandes y carnosos. Es muy rara su flor. Como un color amarillo intenso y rojizo en su centro; de aroma dulce y sutil a la vez.  Se detiene para obsérvala mas detenidamente. Se acerca un poco. Y mientras más se acerca, más intenso es su olor.
Juan se da cuenta que de uno de sus pétalos puntiagudos se encuentra colgando una delicada gota  transparente; ¿Será esto lo que tiene un olor tan dulce? Juan toca con su dedo índice la frágil gota. Es como pegajosa. Es tan transparente que parece brillar con la poca luz que a ella le llega. Acerca su dedo. La ve detenidamente. Parece muy dulce y es tan bonita. Surge en él un deseo.

 – La probaré- se dice.

Al meter su dedo en su boca se da cuenta - ¡es amarga!, sabe a metal  - piensa. Intenta escupir pero esa gota pronto se diluye en su boca. Es muy amarga. Con el sabor amargo aun en su boca vuelve a la realidad. Él solo quiere buscar la pelota. Gira su cabeza y rastrea con su mirada un par de veces. La vuelve a divisar.

Cuando intenta acercarse a ella se da cuenta que su cuerpo ya no es el mismo; esta como más pesado, sus parpados también están pesados, todo él ya no es el mismo. Da forzosamente unos pasos y se acerca aun más. Parece que las sombras se mueven y susurran como susurra el viento entre la hojas. Ya casi llega. Esta apunto de cogerla cuando siente que ya no puede más y se desploma. Solo cae libremente hacia el suelo. Parece eterno el trayecto. Cae a la nada que siempre sostiene. Cuando de repente entre él y la nada se interponen unos brazos que evitan su caída. Escucha un gemido y también un golpe seco y profundo en el silencio cuando sucumbe ante la amargura de su boca. Ya no sabe nada.

El amigo esperaba desde fuera una respuesta. El tiempo pasa. Los ánimos y el asombro en los demás del grupo se disipan poco a poco cuando cada uno decide irse a su casa. Ya es tarde. ¿Será que está muerto?

Una gota de sudor recorre su frente y cae por su cien. Un ventilador viejo rechina en la pared esforzándose por lanzar hacia el muchacho algo de briza fresca. Juan abre los ojos y distingue una tenue luz amarillenta reflejada en una pared vieja y muy agrietada. El techo parece de paja roja muy oscura por el polvo. Un pequeño Cristo de metal verdoso cuelga en la pared. Esta no es su casa, ni es su cuarto.

- Estas dentro de mi casa – dice la señora. Con una voz carrasposa pero clara y directa. – Te he encontrado merodeando en mi patio, buscando una vanidad – señala con un tono cada vez más grave y acucioso.

Juan se encuentra en la cama de la señora. Está un poco perplejo por lo que estaba pasando; no sabía que decir o qué hacer. Esta aterrado.

-Tomaste una gota de flor de furia, ella te muestra la verdad; pero solo una verdad. –Señala la señora con voz misteriosa y ronca mientras miraba a Juan desde la puerta de la habitación.

 - ¿Buscabas la pelota para satisfacerlos a ellos o a ti? Se ve que les importas mucho si te dejaron venir solo a enfrentar a una bruja.

Juan no aguanta más. Dice con voz temblorosa y tímida - ¡ya señora! No me haga nada-. La señora le responde - ¿Por qué te importan tanto ellos si no le dices tú verdad?

Esa pregunta era muy inesperada. - ¿Cuál verdad? - Responde Juan aun mas intrigado que temeroso.

-La verdad que me dices a mí; la que ellos aun no ven y al parecer la verdad que aun tu tampoco ves- dice la señora en voz baja.

-¿pero cuál verdad? – Responde Juan impetuoso -¿Qué soy un rechazado y que nadie quiere estar conmigo? ¿Qué mi mamá ni mi papá quieren estar conmigo? Por eso es que mi papá trabaja todo el día y ¡mi mamá! Mi mamá. –Juan se queda en silencio sin poder continuar respondiendo.

Tras un largo silencio pregunta la señora ya un poco más seria y sin tantos rodeos -¿esa es tu verdad o la de ellos Juan? Yo quiero que me digas tu verdad – termina de decir la señora con entonación solemne y compasiva.

Juan ya no le teme a esta señora, la mira a los ojos aunque aún no sabe que responder. Surgen en él muchos sentimientos pero uno resalta entre todos. Es la rabia. La furia. Siente que le han querido imponer verdades desde fuera, verdades que no son de él, que son de los demás.

Eres torpe. Eres flaco. No te nutrieron. Eres débil. Carente. No te quieren. No te aprueban. No te aceptan. De pronto advirtió que parecía que se convirtió en aquello que los demás definieron en él. Él era el espacio que los demás le dejaron ser. La tristeza surge, pero más adelante emerge la rabia; una furia que combate a una flaca tristeza para no morir. Es la furia que lo hizo dormir y luego despertar mientras la tristeza lo adormecía más y más en la vida.

Mientras Juan revive en sus ojos una pequeña chispa de aventura y agilidad al conocer todo esto, la señora solo lo observa desde la puerta en silencio. Lo acompaña y cuida sin mencionar ninguna palabra. Lo reconoce.

Ella sale del cuarto para traer desde la cocina un vaso de leche miel junto a un trozo de pan.

-Come- le dice tiernamente – estás hambriento y la tristeza no te dejaba comer. 

jueves, 27 de septiembre de 2012

Vieja de corazón sombrío.


Un corazón triste y sombrío,
Que se yergue en medio del vacío,
Esperando una repuesta,
Ser querido.

Un corazón roto y sin brillo,
Desesperado por el mal que lo apena,
Espera en lo oscuro del pecho casi muerto,
De aquella dama en espera.

Sombrío, triste y sin sentido,
Gira su mundo al revés,
Esperando desde afuera,
Aquella esperanza con pies.

Blanco y resplandeciente,
Se imagina su candor,
Luchando por salvarla, fuerte,
Contra el viento y su señor.

Lo que ella no sabe, espera,
Es una frio candado azul,
Que la amarra al aquí afuera,
Dejando su mundo sin luz.

Desesperada ella consigue,
Su amado príncipe así,
Destronando de una cortada,
Su amada vida infantil.

Suenan, suenan las campanas,
En señal de aclamación,
La virgen por fin se corrompe,
Regala amor a su amor.

Triste, triste sigue y vuela,
Una triste esperanza cruel,
Ya no lo ama, está cansada,
Espera un hijo de él.

Sigue su marcha nefasta,
Buscado su verdad allí,
En donde la piel siente tristeza,
Por no despertar a sí.

 Envejece, se envejece,
Su cara marchita ya está,
Muestra sus desventuras,
Su amarga espera allí está.

Siendo ya casi de noche,
Su vida promete fallar,
Sigue la vieja ya sola,
Su amanta con ella no está.

Triste y amargado desprecio,
Por la vida le ha de llegar,
Siente morir ya sus sueños,
De una verdad sin igual.

Sueña. Un sueño le revela,
Que su tiempo perdido esta,
Ella se ve con los perros,
Esperando comida, no más.

Siente de pronto un impulso,
Que le hace sollozar,
Su triste vida le muestra,
Que todo en ella esta.

Ve la realidad diferente,
Siente su brillo llegar,
Comprende el amor de repente,
Que todo en ella esta.

Ve el devenir de la vida,
Ya es tarde no hay mas,
Sus ojos se apagan lentamente,
Su alma se abre al amar.

sábado, 31 de marzo de 2012

Miro (con esperanza).


Miro una estrella y deseo,
Deseo verte llegar,
Cargado de rosas
Y olor a azahar.

Miro una estrella y te busco,
Te busco en todo lugar,
Mirando al bullicio,
Mirando hacia el mar.

Quizás no te encuentre,
Quizás sea verdad,
Quizás solo existas,
En mi realidad.

Pero no lo creo,
Creo que eres verdad,
Creo que existe afuera,
Entre el cielo y el mar.

Sino este brillo,
Que me ha de alumbrar,
Sería solo un reflejo.
Gotas de cristal.

Pero como brilla,
Tú esencia allí esta,
Hoy quiero encontrarla,
Te quiero encontrar.

Pues hoy  siento,
Que en mis noches has de brillar,
No como fantasía,
Sino como realidad.

Como la estrella que alumbra,
Mi camino y mi andar,
Hay estarás tu,
Y mi mano vas a agarrar.

domingo, 18 de marzo de 2012

Besos malditos.



Que queman mi corazón,
Que arden en mi pecho,
Sin poder salir,
Sin poder volar.

Aquellos besos que de mi alma brotan,
Inertes ante una fría realidad,
Sencillos sueños de amor,
Que nunca jamás serán.

Dulces y salvajes esperan,
Poder luchar por tu amor,
Un amorque nunca llega,
Que nunca llega a mi corazón.

Malditos besos de emoción,
Que bullen de mi corazón,
Con la desdicha de haber nacido,
Para aquel que nunca los soñó.

Besos de lamentos hechos,
Fundidos en pura pación,
Deseando despertar un día,
De aquel encierro terror.

Miradas que a salir no llegan,
Temiendo un juicio peor,
Condenadas a mirar a dentro,
Un vacio que eterno de amor.

Tratando de vivir, yo vivo,
Buscando salidas de amor,
Buscando besos malditos,
Malditos lamentos de amor.

martes, 13 de diciembre de 2011

Soy en ti.


Quizás, quizás,
Un corazón roto no valga tu pena,
Una lágrima amarga no cabalgue tu corazón,
Pero me destruyes desde adentro,
Con tu oscuridad y mi poca luz,
Nada me queda.

Ningún santo ha pasado por tal martirio,
Una copa rota no son más que los labios que intento besar,
Un corazón frio es lo que me espera en tu pecho,
Que maldición la mía.

Tal vez las desventuras del tiempo cambien,
Pero algo me dice que seguirá todo igual,
Aferrado a mí sufrimiento espero no sufrir más,
Buscando una salida, espero nunca llegarla a encontrar.

Un delirio estoy viviendo,
En una realidad cada vez más tormentosa,
Un deleite me estoy negando,
De un principio más sano.

¿Qué será aquello?
¿Qué me conmueve por dentro?
¿Qué me hace sentir?
Creo que lo mismo que me hace olvidar.

Un corazón que no es completamente mío,
Un deseo totalmente insatisfecho,
Una obra inconclusa,
Es mi amor por ti,
Es mi deseo de ti,
Es lo que eres mí, 
Es mi  fantasía de lo que soy en ti.