La inquietud sucumbe ante la estrategia,
Soldados de dos armas, enmascarados,
Y con trompetas.
Adelantan tranquilamente latidos de corazones desesperados,
Marcando con especial censura un respirar inhumano.
Soldados de trompetas taciturnas,
Que no anuncian un despertar,
Sino un desfallecer en manos,
En manos de alguien que no es tu amigo.
Locuras que de repente son ciertas,
Y de casualidad parecerían ilusiones.
Tristeza que enmascara la alegría
De ver desfallecer la vida misma.
Trompetas soldadas en señal de buena ventura,
Pero propician la muerte de algunos,
Que son como yo pero que no se parece a mí.
Que belleza tan absurda,
Verme perseguir a alguien que no soy yo,
Para morir a mí mismo,
Tratando de hacer un mundo mejor.
Locura de soldados y trompetas que no son de libertad,
Pero aun así liberan.
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